La energía del color

A la hora de decorar nuestra casa, siempre nos asaltan algunas dudas acerca de qué colores utilizar, cómo combinarlos de forma armoniosa, de qué manera crear atmósferas agradables. No cabe duda que es importante tener en cuenta nuestras preferencias estéticas o los tonos que nos resultan más estimulantes, pero existe otro factor relevante que en algunas ocasiones se pasa por alto. Y es que los colores bien escogidos, y la buena utilización de los focos de luz, pueden ayudarnos a ganar luminosidad y espacio, con el significativo ahorro de energía que esto conlleva.

La energía del color

Aunque pueda resultar intrascendente, no es lo mismo escoger unos colores que otros a la hora de pintar nuestra casa. El mejor ejemplo de ello es el resultado que produce pintar las paredes de colores claros, especialmente de blanco. Estos colores provocan que la luz se refleje en ellas más intensamente. En las horas de sol, la luminosidad del ambiente aumentará, sin la necesidad de que se usen lámparas demasiado potentes.

Podemos escoger lámparas fluorescentes, que consumen menos energía y duran 10 veces más que las incandescentes. Sólo con cambiar el color de las paredes por uno más claro y sustituir 5 bombillas tradicionales por lámparas fluorescentes, se puede apreciar un ahorro energético del 80% y, otro no menos importante, para nuestro bolsillo.

Para pintar las paredes, las reglas más simples son: dividir los colores en primarios (rojo, azul y amarillo) y secundarios (violeta, naranja y verde). Si queremos recrear un ambiente dinámico lo que se aconseja es trabajar con colores complementarios, es decir con uno secundario y con uno primario que no haya sido utilizado para formarlo, pero siempre en sus tonos más suaves para conseguir mayor luminosidad.

Si en cambio se quiere dar calidez a los espacios, se tienen que utilizar las tonalidades que tiene cada color en su gama más clara. Por ejemplo, el amarillo pastel o el naranja en tono durazno. En otoño es muy bueno armonizar los ambientes de la casa con colores brillantes, como el amarillo y el naranja. Estos colores son los más indicados para crear un lugar íntimo y confortable en casa, ya que si se combinan bien pueden aportarle cierto relax a los ambientes. Lo ideal es acompañarlos de iluminaciones íntimas, que generen atmósferas sugerentes y personales, donde la luz sea más bien escasa. Las luces bajas, por ejemplo, pueden ayudar sobre todo si se complementan con velas o lámparas de aceite.

En los comedores, se puede modular la luz para obtener una iluminación activa para el desayuno, cálida para la comida e íntima para la cena. Se pueden utilizar reguladores para graduar la intensidad de luz y crear la atmósfera adecuada, que faciliten las actividades que se hagan en cada habitación según el momento y evitar con ello que se malgaste una luz innecesaria.

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